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 Amor al Cuadrado! [(LE/JP)(SB/PP)]

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Paloma Potter

Paloma Potter


Cantidad de envíos : 88
Fecha de inscripción : 03/04/2008

Amor al Cuadrado! [(LE/JP)(SB/PP)] Empty
MensajeTema: Amor al Cuadrado! [(LE/JP)(SB/PP)]   Amor al Cuadrado! [(LE/JP)(SB/PP)] I_icon_minitimeSáb Jul 04, 2009 2:54 am

Nos situamos en un cálido atardecer primaveral, y la
encantadora e inteligente Lily Evans caminaba enrojeceida y furiosa por los
terrenos del colegio, cerca del bosque prohibido. Se acaba de pelear (para
variar) con el guapo, hábil y creído de James Potter. Ni siquiera se acordaba
del motivo de la pelea pero, ¿acaso eso importaba demasiado? ¡¡Ese chico tenía
algo, no sabía el qué, que conseguía ponerla de mal humor!! Se apoyó contra el
tronco de un árbol y cerró los ojos, intentando regular su respiración. Y allí,
con los ojos cerrados, no pudo evitar que en su mente se proyectara la imagen
de James antes de que iniciaran la pelea. Tenía el pelo alborotado por el
viento y reía con Sirius por alguna de sus bromas o chistes... sacudió la
cabeza, enfadada consigo misma. ¿A ver si iba a resultar que ella era como
todas las cursis de su curso, enamoradas perdidamente de ese cretino o de su
amigo Sirius? No, no. Ese estúpido...

Debió ser el estar absorta en tales pensamientos el motivo
de que no se diera cuenta de que cinco enormes chicos de séptimo curso se le
acercaron con una sonrisa maliciosa en los labios. Antes de que le diera tiempo
de enarbolar su varita, éstos ya la habían rodeado y uno de ellos ya le había
cogido por la muñeca. Se acordaba perfectamente de él: era un bruto de
Slytherin, de quien había defendido a un pobre Hufflepuf de primero. No pudo
evitar una sonrisa sarcástica; entonces le había derrotado con un solo
movimiento de varita, y ahora venía con todos sus amigotes a por ella...
Intentó disimuladamente agarrarla y repetirlo, pero uno de los amigos de su
contrincante, el que, por si no lo he dicho, se llamaba Brutus Mcray (sus
padres se debían sentir muy ingeniosos el día que decidieron el nombre...),
adivinó sus intenciones y se adelantó a ellas, arrebatándosela. Ella, viéndose
desarmada y rodeada, forcejeó. Pero fue inútil, porque, aunque lograra librarse
de las repugnantes manos de Mcray (algo más ancho y alto que ella) éste siempre
la atraparla de nuevo y, aunque no hubiese sido así, tenía también a su
alrededor a sus cuatro amigotes rodeándola. Gritar no le sirvió de nada: era
muy tarde y estaban en una zona muy alejada del colegio y oculta a la vista.
- ¿Qué pasa? -se mofó Mcray, empotrándola contra el árbol
mientras sus amigos se reían a su alrededor - ¿Te sientes inferior sin tu
varita? Venga guapa, dame un besito, anda...
Ella giró la cara y acertó a pegarle un sonoro bofetón.
Mcray parpadeó un momento, sorprendido y furioso, pero luego sonrió de nuevo,
sabiendo perfectamente que en ese momento tenía una injusta ventaja y
disfrutando con ello. Y, cogiendo ésta vez sus dos manos y pegándolas al tronco
del árbol, amenazó siniestramente:
- Sí, pégame bonita, pégame, que me tendrás que pagar todo
lo que me hagas...

-dejadla
empaz!!!-grito una de sus mejores amigas, Paloma-no me obliguéis a usar esto-
dijo mientras blandía la varita

-alguien
viene a unirse a la fiesta-dijo Mcray-agárrenla-grito



Mientras
2 de sus amigos usaban la fuerza, contra su amiga, Lily, desesperada, gritó.

Mientras, a punto de entrar por el retrato de la sala
común de Gryffindor, Sirius, James y Remus charlaban animadamente del último
partido de quidditch, un Gryffindor contra Ravenclaw. De repente, James se paró
en seco.
- ¿Qué te pasa, Cornamenta? - preguntó Sirius al tiempo
que se giraba para mirarlo.
- Id entrando - dijo él a modo de respuesta.
- ¿Pero qué...?
-Ahora mismo no puedo explicarlo.
Sin más explicaciones salió corriendo hacia los terrenos
mientras le acosaba un terrible presentimiento. Algo le había ocurrido,
seguro... no, no podía ser, ¿cómo iba él a saberlo? Sin embargo, sentía en su
interior una extraña opresión y una angustiosa certeza de que ella estaba en
apuros. Sin saber muy bien el porqué, se encaminó corriendo por los terrenos
del colegio hacia la linde del Bosque Prohibido. Entonces vio a Mcray y a los
suyos molestando a alguien, a un chica de mediana estatura y de inconfundibles
cabellos rojizos. Con la varita en mano, se acercó corriendo a ellos.
- ¡Soltadla! – gritó, temblando de rabia - ¡Dejadla en
paz!
Todos giraron la cabeza para ver quién era el que hablaba.
A penas les dio tiempo a reaccionar, pues, rápido como el pensamiento, James
lanzó un hechizo que dejó inconsciente a uno de ellos. Rayos de luces
comenzaron a volar en una y otra dirección, pero él conseguía esquivarlos todos
con gracia. Uno más de sus contrincantes cayó, gracias a un muy bien lanzado
Petrificus Totalus. Un hechizo del contrario le pasó muy cerca, abriéndole una
herida en el brazo y provocando un grito de Lily, quien de inmediato fue
lanzada por Mcray al suelo, dónde quedó hecha un ovillo , mientras otro de sus
compañeros, asía lo mismo con Paloma, cuando su atacante volvía a intentar, sin
mucho acierto y menos puntería todavía, acertar con su varita sobre James,
cuyos ataques se intensificaron al ver como habían lanzado a las chicas al
suelo (pues Paloma era su prima-hermana) mientras su interior bullía de rabia
al verlas acurrucadas y temblorosas en el suelo. Tres más cayeron, y, mientras
le lanzaba un expelliarmus al otro y
después un tarantallegra y lo dejaba bailando, no se percató de que Macray se
le acercaba por la espalda, a punto de atacar a traición. Pero antes de que sus
labios acabaran de pronunciar el maleficio, un rayo proveniente de otra varita
le impactó en el pecho, pasándole muy cerca a James pero sin rozarle siquiera,
y lo tiró al suelo.
James miró hacia Lily, que seguía en el suelo, mientras
que Paloma, que estaba a su lado, alzaba la varita mientras ambas respiraban
entrecortadamente. Luego, rendidas, se acurrucaron una junto a la otra,
mientras les corrían las lágrimas por el rostro. Él se acercó a ellas, pasando
por encima de los cuerpos de sus contrincantes y pisando alguna que otra mano,
y se sentó a su lado.



-¿Estás
bien Pal?

- Si, James..-contesto- creo que me voy a la torre… no
quiero hacer mal tercio-dijo parándose y llendose con ara di niña buena.



-
¿Estás bien Lil… Evans?



Ella
asintió con la cabeza, sin dejar de llorar e intentando contener los sollozos.
Finalmente no pudo aguantar y estalló en llanto. Él, sin poder soportar verla
así, le abrazó e intentó consolarla. Quería volver a ver su sonrisa, quería que
ella fuese feliz…

- No llores... – suplicó con voz cargada de sentimiento –
por favor, no llores. Grítame, o pégame, pero no llores por favor...
Le puso los dedos bajo la barbilla y le levantó suavemente
el rostro. Sus miradas quedaron al instante atrapadas la una en la otra,
atraídas por un irresistible magnetismo mientras la luna se empezaba a asomar
en la noche e iluminaba suavemente sus rostros.
- Gracias -susurró ella, algo turbada.
- Lo haría otra vez por ti... Lily.
Ella parpadeó y sonrió tímidamente. Él, movido por otro
presentimiento, supo que ese era el momento; acercó su rostro al suyo y le besó
suavemente, mientras las ramas de los árboles se mecían a su alrededor,
felicitándoles.
Luego ella sonrió leve y dulcemente y, apoyando la cabeza
contra su pecho, murmuró una sola palabra:
- Cretino...



Después
del incidente en el bosque los dos volvieron juntos al colegio, provocando
murmullos de asombro por los pasillos (creo que era la primera vez que se los
veía juntos sin pelearse). Llegaron a la sala común y pronunciaron la
contraseña que abría el hueco del retrato. James dejó pasar gentilmente a Lily
y pasando él después. Allí estaban Lunático y Canuto esperándoles (Colagusano
estaba en la enfermería, recuperándose del ataque del rastrillo al que sin
querer había dotado de movimiento).

- ¡Cornamenta! – saludó Lupin al tiempo que se ponía de
pie - ¿Cornamenta? – repitió incrédulo al ver que le cogía de la mano a Lily y
que ella se la apretaba con cariño.
Sirius se apartó un mechón de pelo de la cara y les miró
con una perezosa sonrisa sin levantarse del cómodo sillón en el que estaba
repantigado.
- Vaya... algo de esto se nos escapa Lúnatico. Dime Evans,
el golpe en la cabeza ¿te lo has dado tú o te lo ha dado él?
- Ya vale, Canuto – se quejó James con un tono de
advertencia en la voz.
Hubo un momento de silencio, que Lily rompió.
- Me voy a dormir. Buenas noches Lupin, buenas noches
Black. Buenas noches… James – dijo, bajando brevemente la mirada.
- Hasta mañana – susurró él, besándole con suavidad.
Ella sonrió y se alejó por las escaleras, intentando
calmar los desenfrenados latidos de su corazón.
James se dejó caer en el sillón.
- Bueno Cornamenta… ¿no tienes nada que contarles a tus
colegas? – preguntó Sirius con una sonrisa burlona.
- Déjalo ya – le dijo James, fingiendo molestarse pero con
una sonrisa delatora en los labios.
- No te vas a librar así de nosotros… ¡A eso venían tantas
prisas! Pero nos lo podías haber contado… ¿Qué ha sido? ¿Una poción? ¿Chantaje?
¿Alguna maldición?
- Venga Canuto, no seas así – intervino Remus, sentándose
con ellos - James está a punto de contárnoslo, ¿verdad?
James, a su pesar, no pudo evitar que su sonrisa se
ensanchara.
- Bueno, ya sabéis que siempre me ha gustado… - contó,
revolviéndose el cabello con la mano – Pues resulta que yo a ella también así
que…– se encogió de hombros, dando el asunto por zanjado.
- Jajaja, Cornamenta, eres un tigre – se carcajeó Sirius.



-Hay
y tu no, Canuto? ¿Qué mi primita no cuenta?



Sirius
se quedo callado.

- Bueno chicos – bostezó Lupin – No sé vosotros, pero yo…
- bostezó de nuevo - me voy a dormir.
La idea tuvo buena acogida, y los tres subieron a la
habitación, riendo y bromeando. Mientras, en un rincón de la Sala, una chica
contemplaba con mirada sombría como se iban a dormir. Luego, con rostro
decidido, empezó a escribir en un pergamino.

A Lily le despertó el sonido del despertador a la mañana
siguiente. Maldijo por lo bajo; era sábado, pero se había olvidado de apagarlo
la noche anterior. Se quedó un rato tumbada en la cama, pensando… y una sonrisa
floreció en sus labios junto con un leve sonrojo al recordar los sucesos de la
tarde anterior. James podía ser un cretino, pero la verdad es que ese toque
creído tenía su encanto especial…
Maravillada y algo asustada de los fuertes sentimientos
que el chico despertaba en ella, Lily se levantó y, después de ducharse y
vestirse, fue a despertar a Paloma para que después de que ella también se
duchara y arreglara, salieran juntas a la Sala Común.

En la Sala Común se encontró a Sirius y, como no le queria
quedarse a con é,l pues venia Paloma con ella, le saludó y después de que
Paloma, muy enojada, por haber visto que Sirius que desde temprano la empezó a
rondar, se fueron a desayunar.

Sirius contempló como salían de allí y se quedó en la Sala
ojeando perezosamente un catálogo de la tienda de Quidditch del callejón Diagon
y pensando como hacer que Paloma le hiciera caso.

De repente se abrió el hueco del retrato, y entró por él
una chica, que el conocía solo de vista, pero que no le llamaba la atención,
pues toda su atención la tenia Paloma, como bien decía Lupin, aparte ella era
un curso mas abajo que el y el no creía poder fijarse n alguien como ella.



La
chica miró a su alrededor y pareció percatarse de la presencia de Sirius.


- Hola – saludó amablemente, con una seguridad poco propia
de alguien que habla con él, a no ser que sea Lili o Paloma – Mi nombre es
Delia Blythe. – Explicó –supongo que debes ser …



-Sirius
Black-contesto el



-Mucho
gusto-dijo ella con una sonrisa en los labios, que a el hiso que la sangre le
hirviera.

Si Sirius se sintió en algún momento desconcertado no lo
demostró, sino que se limitó a mirarle un momento y a contestar.
-¡Ah! Y por cierto – añadió, recordando sus modales – buenos
días.
Delia se dio la vuelta y se dirigió hacia las habitaciones,
no sin antes sonreírle. Un momento
después, Sirius se levantó y fue a buscar a Cornamenta y a Lunático para bajar
a desayunar.

Mientras, en el Comedor, Lily y Paloma se habían sentado y
habían empezado a desayunar. Estaban untando una tostada con mermelad (Paloma)
y otra con mantequilla(Lili) cuando llegó una lechuza que se le acercó con una
carta. Que raro – pensó - ¿Cómo es que no llega con las demás lechuzas? Pero no
le dio más importancia, así que desató el pergamino de la pata de la lechuza y
le dejó picotear pan de un plato mientras ella leía la carta.

Palideció.


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